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Para
permanecer en este espíritu de oración, procuramos vivir en
silencio y soledad. Esto crea un clima favorable
a nuestra finalidad contemplativa.
Nuestro
mejor servicio a nuestros hermanos, los hombres, es vivir y orar por
sus necesidades, y para que llegue a todos el Evangelio de
Jesucristo.
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